Holmegaard suele describirse como la vidriería de Per Lütken, y muchos lectores dan por hecho que cualquier forma longeva de Holmegaard tiene que ser suya. Dos de las piezas más duraderas de la casa, las copas Regina y la Klukflaske de tres columnas, cuentan una historia más precisa. Este artículo repasa a quién se atribuye realmente cada una, por qué se han mantenido en producción y qué significa eso si estás eligiendo una para tu propia mesa.
Una vidriería que conserva a sus diseñadores y sus formas
Holmegaard se fundó en 1825 en Selandia, donde la turba extraída de la turbera de Holmegaard alimentaba los hornos de la primera vidriería de Dinamarca. Su primera producción fueron sencillas botellas verdes, y desde entonces la fábrica trabaja el vidrio soplado a boca. Esa continuidad importa, porque una forma que depende de la mano de un soplador solo puede seguir en una colección si el oficio para fabricarla sigue dentro del taller.
Per Lütken es el nombre más ligado a esa continuidad. Entró en Holmegaard en 1942 y trabajó allí más de medio siglo, tiempo suficiente para definir el carácter de la producción a lo largo de varias generaciones de hogares daneses. Nuestro catálogo le atribuye ocho productos. Es tentador extender ese mérito a todos los clásicos de Holmegaard, pero los dos diseños de este artículo llevan otras firmas y conviene no confundirlas: Regina se atribuye a Anja Kjær y la Klukflaske, a la propia Holmegaard.
Lo que los une a la larga trayectoria de Lütken no es la autoría, sino la cultura de la fábrica en la que trabajó, una en la que una buena forma se conserva, se vuelve a hacer y se transmite en lugar de sustituirse cada temporada.
Klukflaske: una botella que se llama como su sonido

La botella para licores lleva muchos años siendo sinónimo del diseño en vidrio de Holmegaard, y la Klukflaske 3-pillar H26 cm clear es la versión que casi todo el mundo imagina. Su cuerpo está dividido en tres columnas. Muchas botellas usan cuatro; muy pocas usan tres, y el número impar le da una silueta escultórica, ligeramente retorcida, según el punto de la estancia desde el que se mire.
El nombre procede de la palabra danesa para el sonido que hace. Al servir, el aire circula por las columnas y la botella emite un gorgoteo inconfundible, un «kluk», que reconoce al instante cualquiera que haya usado una. Pocos objetos domésticos llevan el nombre del ruido que hacen, y menos aún están pensados para que ese ruido forme parte del ritual de servir.
En la práctica, la Klukflaske mide 26 cm de alto, tiene un diámetro de 10,5 cm y pesa 1 kg vacía. Está hecha de vidrio transparente soplado a boca, por eso luce más con algo de color dentro: el whisky o el coñac dejan ver su tono ámbar a través de las columnas, y sobre un carrito de bar o un aparador la botella se lee como un objeto aunque nadie esté sirviendo. Al ser transparente, también funciona como botella de agua en la mesa de la cocina, donde interesa ver el contenido.
Regina: un regalo de Copenhague para unas bodas de plata reales

El origen de Regina está bien documentado. Anja Kjær diseñó la colección en 1992 para las bodas de plata de la reina Margarita II y el príncipe Enrique, y Holmegaard fabricó las copas como regalo del Ayuntamiento de la ciudad de Copenhague. El encargo de un obsequio cívico a una monarca es exigente: la copa tenía que resultar festiva y ceremoniosa sin caer en lo recargado.
Anja Kjær buscó la respuesta en las antiguas copas venecianas. Los tallos de Regina son esbeltos y los cálices ligeros, con el perfil sereno y algo formal de una cristalería pensada para una mesa puesta más que para un estante de cocina. La colección creció hasta formar una familia completa, con copas para vino blanco, vino tinto, oporto y champán, además de vasos, de modo que se puede poner toda una mesa con una sola línea.
Esa amplitud es una de las razones por las que Regina lleva más de tres décadas vigente. Un juego que cubre cada plato es fácil de ampliar con los años, una o dos copas cada vez, y un diseño con una ocasión real detrás suele elegirse para bodas, aniversarios y otras fechas que se quieren recordar.

Las piezas Regina y la Klukflaske, comparadas
Las cifras siguientes proceden directamente de las fichas de producto. El vidrio soplado a boca varía ligeramente de una pieza a otra en capacidad y peso, así que tómalas como referencias fiables más que como tolerancias exactas.
| Regina vino tinto 28 cl | Regina vaso 19 cl | Regina copa de champán 25 cl | Klukflaske 3 columnas H26 cm | |
|---|---|---|---|---|
| Altura | 19,5 cm | 12 cm | 13 cm | 26 cm |
| Diámetro | 8 cm | 7 cm | 12,5 cm | 10,5 cm |
| Peso | 0,3 kg | 0,25 kg | 0,5 kg | 1 kg |
| Diseñador y año | Anja Kjær, 1992 | Anja Kjær, 1992 | Anja Kjær, 1992 | Holmegaard |
| Material | Vidrio soplado a boca | Vidrio soplado a boca | Vidrio soplado a boca | Vidrio soplado a boca |
| Ideal para | Vino tinto en una mesa puesta | Agua y bebidas del día a día | Champán y vinos dulces | Licores en un aparador o carrito de bar |
La Regina Red Wine Glass 28 cl clear es la más alta de las copas con sus 19,5 cm, y su cáliz estrecho de 8 cm la mantiene elegante sin que resulte sobredimensionada. El Regina Tumbler 19 cl clear es la pieza de diario: 12 cm de alto, 7 cm de diámetro, y el que más probabilidades tiene de usarse un martes cualquiera. La Regina Champagne Bowl 25 cl clear es la más singular de las tres, una copa ancha de 12,5 cm de diámetro y 13 cm de alto que, con 0,5 kg, se nota bastante más sólida en la mano que la copa de vino tinto. La familia incluye además una copa Regina de vino blanco de 18 cl para quien quiera montar una secuencia completa.
Convivir con el vidrio soplado a boca

Cada copa Regina y cada Klukflaske se sopla a mano, así que no hay dos exactamente iguales. Holmegaard considera las huellas de ese proceso (una ligera asimetría, pequeñas variaciones en el grosor de las paredes, alguna burbuja en un tallo) como prueba de cómo se hizo la pieza y no como defectos. Si pones seis copas en fila y miras de cerca, las verás, y de eso se trata.
El mismo proceso marca los cuidados. Ninguna de estas piezas es apta para lavavajillas; lávalas a mano con agua templada, no caliente, y evita los cambios bruscos de temperatura, como aclarar una copa de champán fría bajo el grifo de agua caliente. Sujeta las copas por el cáliz al secarlas, en lugar de girar el tallo contra el pie. Para la Klukflaske bastan un cepillo para botellas y un aclarado con agua templada; déjala secar boca abajo para que no se acumule agua en las columnas.
En cuanto a dónde colocarlas, la Klukflaske luce allí donde la luz puede atravesarla: en el alféizar de una ventana, una estantería abierta o un aparador junto a una lámpara. Las copas Regina se ven mejor sobre un mantel blanco o de lino, donde los tallos finos y los cálices claros destacan con nitidez. Si todavía dudas entre copas de vino para el día a día de la misma fábrica, nuestra comparativa entre Perfection y Cabernet analiza otras dos líneas veteranas de Holmegaard.
Regina y la Klukflaske muestran dos maneras en que una forma sobrevive en una vidriería: una gracias a un encargo ceremonial que se convirtió en una colección completa para la mesa, la otra gracias a una forma tan familiar que su nombre es simplemente el sonido que hace. Para verlas junto a las colecciones Flow, Idéelle y Minima, explora toda la colección Holmegaard.
