Un Mono de Kay Bojesen que ha pasado años colgado de estanterías, lámparas y manos infantiles acaba por aflojarse: los brazos caen, las piernas se balancean sueltas y la postura ya no se mantiene. Esta guía explica por qué ocurre, qué contiene el kit de reparación y cómo abordar con calma el cambio de cordón, para que la figura pueda volver a su rama.
Por qué un Mono se descuelga
El Mono se talló por primera vez en 1951 y su encanto siempre ha dependido del movimiento. Los brazos y las piernas son piezas de madera independientes, unidas al cuerpo por un cordón que recorre el interior de la figura. Ese cordón es lo que da a cada articulación su suave resistencia. Cuando está tenso, se puede levantar un brazo por encima de la cabeza o enganchar las dos manos al borde de una estantería, y el Mono se queda exactamente como lo dejaste.
El algodón es una fibra natural y, tras años de posturas, se estira y se afloja. No se ha roto nada, pero la tensión ha desaparecido. La primera señal suele ser un brazo que no se queda levantado. Más adelante, las piernas empiezan a colgar rectas y la figura se desploma al cogerla. En ese punto, aceitar la madera o apretar algo desde fuera no sirve de nada, porque el problema está dentro del cuerpo. La solución es un cordón nuevo.
Conviene conocer la escala de la pieza. El Monkey small en teca aceitada y limba aceitada mide 18,5 cm de alto y pesa 0,17 kg, así que su cordón soporta muy poca carga. El Monkey large teak/limba es otra historia: 47 cm de alto y 2,25 kg, con extremidades más pesadas que tiran de las articulaciones cada vez que cuelga de las manos.

Qué contiene el kit de reparación
El Spare part Repair Kit for Kay Bojesen Monkey (39250) es un paquete plano de 0,3 cm de alto, 6 cm de ancho y 16 cm de fondo, con un peso de 0,1 kg. Dentro hay cuatro cosas: instrucciones impresas, un tramo de cordón de algodón, un clavo y una goma elástica. No hay pegamento, ni juego de herramientas, ni nada que taladrar, lo que dice mucho de cómo está construido el Mono. Se diseñó para desmontarse y volver a enhebrarse a mano.
La hoja impresa es la referencia. El clavo y la goma tienen cada uno una función concreta en la secuencia, y las instrucciones muestran dónde y cuándo intervienen. Este artículo describe el trabajo a grandes rasgos para que sepas qué esperar; no sustituye a los pasos que vienen en la caja.

Cómo prepararse
Aquí la preparación importa más que la destreza. Elige un momento en el que nadie te interrumpa, porque un Mono a medio enhebrar es incómodo de dejar y volver a coger.
- Trabaja sobre una superficie blanda. Extiende una toalla doblada o un trozo de fieltro sobre la mesa. La teca y la limba aceitadas se marcan con facilidad sobre una encimera dura, y las extremidades sueltas tienden a rodar hasta el borde.
- Lee las instrucciones dos veces. Una para entender el trabajo completo y otra con las piezas delante, relacionando cada dibujo con las partes de tu propia figura.
- Mantén las piezas juntas. A medida que sale el cordón viejo, los brazos, las piernas y la cabeza quedan sueltos. Colócalos en la misma disposición que el Mono montado, el brazo izquierdo a la izquierda y así sucesivamente, para que cada uno vuelva a su propio hueco.
- Manos limpias, buena luz. La teca y la limba están aceitadas, y las huellas y la suciedad se notan en la madera.
El trabajo, paso a paso
Cada figura se enhebra en la secuencia que indica el kit, pero el trabajo sigue siempre las mismas fases generales.
- Retira el cordón viejo. Sigue las instrucciones para soltar el cordón gastado y separar las extremidades. No tires con fuerza de ninguna parte de la madera; si algo se resiste, detente y vuelve a mirar el dibujo.
- Observa antes de montar. Con el Mono desmontado, revisa las articulaciones y los orificios por los que pasa el cordón. Quita el polvo con un paño suave y seco.
- Enhebra el nuevo cordón de algodón. Pasa el cordón por el cuerpo y las extremidades en el orden que marcan las instrucciones, usando el clavo y la goma exactamente como se describe. Ve despacio y evita que el cordón se retuerza.
- Ajusta la tensión. Es el paso que decide cómo se comportará el Mono durante los próximos años. Demasiado flojo y las extremidades volverán a caer pronto; demasiado tenso y las articulaciones quedarán rígidas y costará colocarlas. Busca el punto en el que un brazo se mueve con suavidad a mano y luego se queda donde lo pones.
- Fija y prueba. Remata el cordón como muestran las instrucciones y mueve cada brazo y cada pierna varias veces en todo su recorrido. Prueba una postura con los dos brazos arriba y deja que el Mono cuelgue un momento de tus dedos antes de confiarle una estantería.
La paciencia es el requisito principal. Es normal ajustar la tensión más de una vez, y es mejor deshacer un paso que forzar la madera. Kay Bojesen fue platero antes que juguetero, y quería que sus líneas sonrieran. Un Mono enhebrado con prisas, con un brazo más tenso que el otro, nunca acaba de conseguirlo.

Cuidar el Mono después
Un cordón nuevo devuelve las articulaciones a su estado original, y un poco de cuidado mantiene en buen estado el resto de la figura. Limpia la madera con un paño suave y seco. Mantén el Mono alejado de la luz solar directa y de los radiadores. No es apto para lavavajillas. La veta y el tono varían de una figura a otra porque la madera es un material vivo, así que un ligero cambio de color con los años forma parte de su carácter y no es un defecto.
Para conocer a fondo los aceites, la madera sin tratar y los acabados lacados de toda la gama, lee nuestra guía sobre el cuidado de las figuras de madera de Kay Bojesen.
La forma de colocar el Mono también influye en la duración del cordón. Colgarlo de las manos es aquello para lo que se diseñó, pero una figura pesada que pasa meses en la misma postura estirada somete el cordón a una carga constante. Cambia la postura de vez en cuando y deja al Mono grande sentado en una estantería parte del año en lugar de tenerlo siempre colgado.

La reparación como parte del diseño
Que exista un kit de recambio ya dice algo de la forma de pensar de Bojesen. Sus animales de madera estaban hechos para tocarse, para jugar con ellos y para heredarse, no para guardarse tras un cristal, y una figura a la que se le puede cambiar el cordón en la mesa de la cocina puede quedarse en una familia durante generaciones. El Mono que hoy está en la estantería bien podría ser el que recibió un abuelo, con su tercer o cuarto cordón dentro.
Si tu Mono está en buena forma y quieres buscarle compañía, o estás eligiendo entre tamaños, descubre toda la colección Kay Bojesen de figuras de madera, pájaros y soldados de la Guardia Real.
